El nuevo recorte de la PAC amenaza con arruinar a miles de agricultores, se calcula que supondrá hasta 8.000 euros menos al año por explotación.
El campo español vuelve a situarse en el epicentro de una tormenta perfecta provocada por decisiones políticas tomadas lejos de la realidad productiva.
Miles de agricultores y ganaderos podrían perder hasta 8.000 euros anuales por explotación como consecuencia de los futuros recortes en la Política Agraria Común (PAC) que ya se perfilan en Bruselas y que el Gobierno español asume sin apenas resistencia.
Para un sector compuesto en su mayoría por autónomos, pequeñas explotaciones familiares y microempresas rurales, esta reducción de ayudas supone mucho más que un ajuste presupuestario: es un golpe directo a la viabilidad económica, a la inversión y a la continuidad de miles de negocios que ya operan al límite.
La PAC: de red de seguridad a instrumento de recorte encubierto
La Política Agraria Común nació para garantizar la estabilidad del sector primario, asegurar el abastecimiento alimentario y proteger la renta de los productores frente a la volatilidad del mercado.
Sin embargo, con el paso de los años, se ha transformado en un sistema cada vez más burocrático, condicionado y politizado, donde las ayudas ya no compensan las crecientes exigencias regulatorias.
Los nuevos ajustes previstos en la PAC, vinculados tanto a la reorientación del presupuesto europeo como a los compromisos climáticos, supondrán una reducción significativa de los pagos directos.
Según estimaciones del propio sector, el impacto medio podría situarse en torno a los 6.000–8.000 euros por explotación, una cifra devastadora para miles de agricultores profesionales.
Un golpe directo al autónomo rural. El recorte de la PAC amenaza con arruinar a miles de agricultores
Conviene recordar un dato clave: la mayoría de agricultores y ganaderos en España son autónomos.
No grandes corporaciones, sino profesionales que dependen directamente de su explotación para vivir, invertir y generar empleo local.
Para estos autónomos del campo, perder varios miles de euros al año no es un ajuste menor:
- Supone menos liquidez para afrontar campañas agrícolas.
- Reduce la capacidad de inversión en maquinaria, tecnología o mejoras productivas.
- Aumenta el endeudamiento en un contexto de tipos de interés elevados.
- Eleva el riesgo de abandono de explotaciones, especialmente entre jóvenes y pequeños productores.
En muchos casos, la PAC ya no representa un incentivo, sino un parche insuficiente frente a una estructura de costes cada vez más asfixiante.
Más exigencias, menos ayudas
La paradoja es evidente: mientras las ayudas se reducen, las obligaciones aumentan.
Los agricultores deben cumplir con:
- Requisitos medioambientales cada vez más complejos.
- Limitaciones en el uso de fertilizantes y fitosanitarios.
- Condiciones administrativas que exigen tiempo, asesoramiento y costes adicionales.
- Controles constantes que penalizan cualquier desviación mínima.
Todo ello sin que exista una compensación real por el sobrecoste que estas exigencias generan.
El resultado es una pérdida progresiva de rentabilidad, especialmente en explotaciones pequeñas y medianas.
El silencio del Gobierno y la falta de una estrategia nacional. El recorte de la PAC amenaza con arruinar a miles de agricultores
Uno de los aspectos más criticados por organizaciones agrarias y asociaciones de autónomos es la pasividad del Gobierno español ante estos recortes.
Lejos de defender una posición firme en Bruselas, el Ejecutivo parece asumir como inevitables las decisiones europeas, trasladando el ajuste directamente al sector productivo.
Mientras otros países han negociado con mayor contundencia mecanismos de transición o compensación, en España el discurso oficial se limita a insistir en la “modernización” y la “sostenibilidad”, conceptos que suenan bien en los despachos, pero que no pagan facturas ni sostienen explotaciones.
Consecuencias económicas más allá del campo
El impacto de los recortes en la PAC no se limita a los agricultores.
Afecta a toda la cadena de valor:
- Cooperativas agrarias.
- Proveedores de maquinaria y suministros.
- Transporte y logística.
- Industria agroalimentaria.
- Empleo rural directo e indirecto.
Cada euro que se pierde en el campo es un euro menos que circula en la economía local.
En zonas rurales ya castigadas por la despoblación, este recorte puede convertirse en el empujón definitivo hacia el abandono económico.
Competencia desleal y pérdida de soberanía alimentaria
Otro elemento clave es la competencia exterior.
Mientras los productores europeos ven reducidas sus ayudas y aumentadas sus exigencias, los productos importados de terceros países entran en el mercado comunitario con menores costes, menos controles y precios más bajos.
Esto genera una competencia claramente desleal que penaliza al productor nacional y pone en riesgo la soberanía alimentaria, uno de los grandes objetivos que la propia Unión Europea dice defender.
Menos jóvenes, menos relevo generacional. El recorte de la PAC amenaza con arruinar a miles de agricultores
Si el sector agrario ya tenía dificultades para atraer a jóvenes emprendedores, estos recortes terminan de dinamitar cualquier incentivo.
¿Quién va a apostar por una explotación agrícola cuando:
- Los márgenes son mínimos.
- La normativa cambia constantemente.
- Las ayudas se reducen año tras año.
- La carga fiscal y administrativa no deja de crecer.
El mensaje que se envía es claro: emprender en el campo es cada vez menos viable.
El campo, siempre el pagador silencioso
No es la primera vez que el sector agrario actúa como variable de ajuste de las políticas públicas.
Cuando hay que cuadrar presupuestos, cumplir objetivos climáticos o reordenar fondos europeos, el campo aparece como un objetivo fácil: fragmentado, con poca capacidad de presión y políticamente incómodo.
Sin embargo, se olvida que sin agricultores no hay alimentos, ni empleo rural, ni equilibrio territorial.
Una llamada a la responsabilidad política. El recorte de la PAC amenaza con arruinar a miles de agricultores
Desde una perspectiva liberal, el problema no es solo el recorte en sí, sino el modelo que lo sustenta:
- Más regulación.
- Menos libertad económica.
- Más dependencia de subvenciones.
- Menos competitividad real.
Si se quiere un sector agrario fuerte, innovador y sostenible, la solución no pasa por reducir ayudas mientras se multiplican las obligaciones, sino por liberar al productor, reducir cargas innecesarias y permitir que el mercado funcione con reglas justas.
Conclusión: otro paso más hacia el abandono del campo
Los futuros recortes de la PAC suponen un duro golpe para miles de agricultores autónomos, que verán cómo sus ingresos se reducen hasta en 8.000 euros anuales sin alternativas claras.
En lugar de apoyar al sector que garantiza el suministro alimentario, se le penaliza con ajustes presupuestarios, burocracia y silencio político.
Si esta deriva no se corrige, el resultado será previsible: menos explotaciones, menos empleo rural, más dependencia exterior y más abandono del territorio.
Y, como casi siempre, cuando se quiera reaccionar, ya será demasiado tarde.













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