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Generación perdedora: los jóvenes ya ganan casi lo mismo que los pensionistas, pero sin futuro

Un dato sorprendente irrumpe en el debate económico, la Generación perdedora los jóvenes en España, la diferencia entre lo que cobran los menores de 35 años y lo que reciben los pensionistas apenas alcanza el 7 %, según cálculos recientes de la OCDE.

Solo en cuatro países ocurre lo mismo.

Este fenómeno, que refleja el estancamiento salarial juvenil frente a la revalorización de pensiones, acompaña a una reducción general del llamado “dividendo generacional”.

El mérito no es de los jóvenes: los salarios apenas han progresado, mientras las pensiones se han protegido del impacto de la inflación y los mayores se han beneficiado de ahorros inmobiliarios.

Pero detrás de la foto hay una realidad preocupante de desigualdad intergeneracional que afectará a la sostenibilidad económica y social.

 

Una brecha salarial que se estrecha… por mal camino, generación perdedora los jóvenes

En términos brutos, un trabajador de entre 25 y 34 años gana una media de 2.011 €/mes, mientras que la pensión media ronda los 1.375 €.

Tras los ajustes por impuestos, tamaño del hogar y renta disponible, la OCDE estima que los jóvenes ganan solo un 7,4 % más que los jubilados, una brecha que en los 90 era del 20,7 %.

Este volteo se explica por dos grandes causas: la revalorización anual de pensiones, que las ha protegido del alza de precios, y el estancamiento real de los salarios jóvenes, que han perdido un 4 % de poder adquisitivo desde 2021.

 

¿Por qué los mayores están mejor?, generación perdedora los jóvenes

  • Años de carrera laboral sólida: la generación del baby boom vivió etapas de crecimiento sostenido de productividad y salarios. Ahora reciben pensiones elevadas no solo por sus historiales de cotización, sino también por su ahorro acumulado y rendimiento financiero.
  • Reformas recientes: la protección del poder adquisitivo con actualizaciones ligadas al IPC ha blindado las pensiones en plena inflación.
  • En resumen: los mayores actuales son privilegiados por el ciclo histórico y el impacto de ajustes legislativos que las salvaguardan, mientras los jóvenes sufren una doble penalización: menor salario y alta temporalidad.

 

El impacto del estancamiento juvenil

A diferencia de los boomers, los millennials y la generación Z entraron al mercado laboral en un periodo de crisis financiera, vivienda inaccesible y precariedad.

Las consecuencias son visibles:

  • Ahorro casi nulo y falta de acceso a vivienda propia, con tasas de propiedad entre los 30 años que han caído del 80 % al 60 %.
  • Bajos niveles de acumulación de riqueza, especialmente si no reciben herencias. Los jóvenes españoles han perdido hasta un 11 % de riqueza neta en 20 años.
  • Futuras pensiones débiles, por cotizar menos y tarde. Muchos tendrán que prolongar vida laboral hasta los 71 años para acercarse a la pensión actual.

No se trata de un efecto puntual: son las secuelas de un modelo laboral inestable y una transacción fiscal regresiva hacia los mayores.

 

Intercambio de recursos: transferencias intergeneracionales sordas, generación perdedora los jóvenes

La brecha no solo expone desigualdad presente, sino tranferencia de recursos del trabajo hacia la vejez: más gasto en pensiones significa menos inversión en educación, vivienda, salud pública, I+D o empleo juvenil.

Esto profundiza la distancia intergeneracional, disuadiendo el ahorro y fomentando el desahorro tardío, que consolida las diferencias económicas.

 

Perspectiva OCDE: un fenómeno global con riesgo español

No solo ocurre en España: en Luxemburgo, Italia, Noruega, los mayores cobran tanto o más que los jóvenes.

En la OCDE, el promedio salarial juvenil es hoy un 23,5 % mayor que el de los jubilados, frente al 31,7 % de hace tres décadas.

La OCDE advierte que fenómenos como la baja natalidad, envejecimiento y falta de crecimiento de productividad agravan estas tendencias.

Madrid ha sido instado a movilizar a trabajadores mayores e inmigrantes para sustentar el empleo, y a impulsar salarios juveniles, formación y equidad para revertir la tendencia.

 

Consecuencias estructurales y emocionales de la generación perdedora los jóvenes

  • Desconfianza creciente: los jóvenes sienten que sus esfuerzos no tienen recompensa económica, lo que erosiona la cohesión social y la fe en el sistema.
  • Movimiento demográfico negativo: tasas de natalidad mínimas suman al envejecimiento y alejan la posibilidad de un relevo demográfico sostenible.
  • Movilidad intergeneracional limitada: altos niveles de desigualdad dificultan que los hijos superen el nivel de vida de los padres.

 

Propuestas y salidas potenciales

  • Reforzar las negociaciones salariales, especialmente para jóvenes y sectores vulnerables.
  • Impulsar formación continua y FP Dual, con incentivos fiscales y asociándolo al empleo.
  • Mejorar la accesibilidad a la vivienda para menores de 35 años mediante ayudas y control de precios.
  • Revisar el modelo de pensiones: adoptar mecanismos de equidad generacional, sostenibilidad y rediseño de cotizaciones.
  • Políticas fiscales progresivas, reduciendo la presión sobre salarios y equilibrando la carga contributiva.
  • Fomentar la participación de la población activa sénior y migrante, mitigando impactos demográficos.

 

Conclusión Generación perdedora: los jóvenes ya ganan casi lo mismo que los pensionistas, pero sin futuro

La paridad salarial actual entre jóvenes y pensionistas no es una victoria para los primeros, sino una alarma roja para el sistema generacional español.

No es cuestión de envidia: es indicativo de que el modelo de distribución está roto.

El estancamiento juvenil y la revalorización de pensiones crean una anomalía estructural peligrosa que presagia menores oportunidades, menor crecimiento y mayor desigualdad.

La solución no es recortar pensiones ni culpar a generaciones, sino revalorizar el trabajo joven, fomentar la acumulación de capital humano, y garantizar un contrato social sostenible entre generaciones.

Solo así podremos construir un modelo económico que no sacrifique a quienes aún no han tenido la oportunidad de consolidarse.

España enfrenta una encrucijada vital: seguir permitiendo que los jubilados vivan mejor que quienes les seguirán, o transformar un sistema fiscal y laboral que premie el esfuerzo presente y asegure el futuro de la siguiente generación.

La crisis intergeneracional ya está aquí, y no se resolverá con buena voluntad: necesita reformas urgentes y equidad real.

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