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470 000 trabajadores en activo se apuntan al paro: cuando cambiar de empleo se hace a través del SEPE

En España, cerca de 470 000 personas que ya están empleadas, trabajadores en activo, se inscriben como demandantes de empleo, se apuntan al paro, una cifra que ha caído un 21% en tres años pero sigue constituyendo el 11,2% del total de demandantes registrados.

Lejos de responder solo a una paradoja estadística, esta dinámica refleja profundas incoherencias estructurales en el mercado laboral y revela un uso del SEPE como herramienta para buscar nuevas oportunidades más que como soporte a los desempleados.

Este artículo disecciona el fenómeno, lo enmarca en el mercado laboral, lo vincula a políticas activas y reflexiona sobre sus consecuencias para el empleo y los servicios públicos.

 

El dato que sorprende: lo que ocultan las gráficas, trabajadores en activo se apuntan al paro

Según datos recientes, 468 004 trabajadores ocupados están dados de alta como demandantes de empleo.

Aunque el número ha caído desde 2019, esta cifra sigue siendo inhabitual.

Este colectivo representa una proporción históricamente elevada de quienes acuden a las oficinas del SEPE, superando en incidencia a los niveles previos a la pandemia.

Este fenómeno refleja la creciente fragmentación del empleo moderno y ciertas debilidades del sistema público para ofrecer soluciones reales: en lugar de usar el SEPE como vía de acompañamiento profesional, muchos empleadores lo utilizan como plataforma informal de búsqueda de empleo nuevo.

 

Trabajadores en activo se apuntan al paro ¿Por qué lo hacen? Tres razones clave

Aspiraciones de cambio laboral

Muchos trabajadores apuntados al paro están buscando activamente un nuevo empleo que sustituya o complemente el actual.

En algunos casos, la demanda de mejora de empleo se utiliza para acceder a cursos gratuitos, bolsas de trabajo o ayudas que sí están vetadas al empleo formal.

 

Los fijos discontinuos y los ERTE

Desde la reforma laboral, los trabajadores con contrato fijo discontinuo —quienes solo trabajan en temporada— representan un porcentaje creciente de las inscripciones al paro.

Además, quienes están en ERTE o con jornada parcial pueden registrarse como demandantes con relación laboral en pausa.

 

Burocracia confusa y categorizaciones difusas

La estadística del SEPE distingue mal entre desempleados reales y trabajadores en activo.

La categoría “demandantes con relación laboral” ha crecido casi un 190 % desde 2022, mientras que los “demandantes ocupados” han bajado un 21 %.

Esta ambigüedad favorece el uso estratégico del sistema más que su operativa de inserción.

 

¿Qué pinta el SEPE en todo esto? Una herramienta en crisis

El SEPE fue diseñado como punto de apoyo para desempleados, con prestaciones, formación y orientación laboral.

Sin embargo, hoy sirve también a quienes quieren mejorar su situación sin perder beneficios (como el subsidio) o acceder a convocatorias públicas que exigen estar inscritos como demandante de empleo.

En países como Alemania o Francia, inscribirse tiene sentido porque los servicios públicos están presentes, activos y brindan oportunidades reales.

En España, al no funcionar así, se convierte en un recurso más transaccional que institucional.

 

Contexto laboral que lo explica todo, trabajadores en activo se apuntan al paro

Temporalidad y precariedad persistentes

A pesar de la reducción desde 78 % al 35 % de temporales en los primeros empleos tras la reforma laboral, la temporalidad sigue siendo alta en España, una de las peores comparables de Europa.

 

Subempleo y empleo infrautilizado

Millones de personas trabajan menos horas de lo que desean o en empleos que no corresponden a sus competencias.

Esta infrautilización laboral empuja a muchos a buscar mejoras activas a través de cualquier canal.

 

Mercado laboral fragmentado

Con presencia masiva de autónomos, temporales y trabajadores precarios, el sistema se adapta mal a sus necesidades y estos colectivos usan servicios públicos para complementar su situación.

 

El coste de esta realidad, trabajadores en activo se apuntan al paro

  • Desconfianza en los servicios públicos. Se reduce su legitimidad como herramienta de empleo.
  • Dificultades estadísticas y de política activa. La distorsión en los registros empaña políticas y recursos.
  • Desigualdad de acceso. Quienes no estén inscritos (como muchos jóvenes, estudiantes…) no acceden a ayudas ni formación; entra la desigualdad 3.0.
  • Perpetuidad de la precariedad. Las reformas se ven como triquiñuelas, no como soluciones estructurales.

 

Conclusión 470 000 trabajadores en activo se apuntan al paro: cuando cambiar de empleo se hace a través del SEPE

Que casi medio millón de personas empleadas se inscriban como demandantes de empleo no es solo un dato; es una llamada de atención.

En un mercado que debería exigir calidad, estabilidad y corresponsabilidad pública, el sistema se deforma para adaptarse al individuo.

Cambiar esta realidad requiere más que reformar datos: exige transformar la función social del SEPE, dotarlo de propósito real y tender puentes entre empleo y bienestar, no limbos burocráticos.

Reducir la brecha entre registros y realidad es esencial.

Sin servicios públicos creíbles, con respuestas reales a los trabajadores temporales, fragmentados y precarios, solo habrá registros distorsionados pero ninguna solución real.

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