En un momento en que la economía española todavía muestra señales de fortaleza —con crecimiento, empleo y expectativas relativamente favorables—, el Banco de España alerta, ha encendido una luz roja sobre los salarios futuros: sus previsiones apuntan a una desaceleración salarial en 2026, en contraste con los incrementos más robustos vistos hasta ahora.
Al mismo tiempo, alerta del riesgo que representa el aumento de los costes laborales para la competitividad de las empresas y el proceso de desinflación.
Este doble fenómeno —salarios que no crecen tanto como se esperaba frente a costes que empujan hacia arriba— podría convertirse en un freno significativo para el dinamismo económico, los márgenes empresariales y la capacidad de recuperación de la renta disponible de los hogares.
En este análisis, desglosamos lo que aporta la advertencia del Banco de España, añadimos elementos de contexto externo, miramos cómo otros organismos y actores lo interpretan, y valoramos qué riesgos y alternativas se abren para España en los años venideros.
Qué señala y alerta el Banco de España: previsiones salariales y presión de costes
En su más reciente informe, la autoridad monetaria revisa sus estimaciones y anticipa que:
- En 2026, los salarios crecerán alrededor de un 3,4 %, frente a tasas más elevadas previstas para los años inmediatos.
- En 2025, esperan que la remuneración por asalariado aumente casi un 4,8 %, reflejo de convenios superiores a los objetivos pactados.
En cuanto al coste laboral por trabajador, el Banco destaca que en el segundo trimestre de 2025 ya se registró un incremento del 3 % interanual, y que esta tendencia sumará presión a los márgenes empresariales.
El mensaje del supervisor es claro: los salarios seguirán subiendo, pero no al ritmo que algunos esperan.
Y si los costes laborales continúan elevándose, eso puede debilitar la productividad, erosionar la competitividad, y dificultar la moderación de la inflación.
El riesgo de juntar costes altos con productividad estancada, el Banco de España alerta
Una de las claves de la advertencia del Banco es la relación entre costes laborales, salarios y productividad.
Si los primeros suben mucho y los segundos se moderan, pero la productividad no acompaña, el resultado es una presión creciente sobre las empresas y la competitividad internacional.
El propio Banco señala que, aunque en 2024 la productividad por trabajador había mostrado dinamismo, en 2025 esa tendencia empieza a deteriorarse.
En su escenario, para 2025 la productividad por ocupado crecería prácticamente un 0 %, frente al 0,9 % de 2024.
Este estancamiento es peligroso. Muchas empresas —especialmente pymes— ya muestran síntomas de tensión: márgenes que se ajustan mucho, costes fijos elevados, dificultad para trasladar al consumidor final los aumentos de costes, competencia internacional agresiva.
En un entorno así, si los salarios suben demasiado rápido sin respaldo de eficiencia productiva, el ajuste puede venir por recortes de empleo o inversión.
Contexto macro: ¿qué más está empujando los costes?
La advertencia del Banco no llega en un vacío. Estos factores están avivando la presión sobre el coste laboral:
a) Reformas salariales y convenios por encima del “referente”
Algunos convenios firmados en 2025 contemplan incrementos superiores al Acuerdo para el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC) pactado entre agentes sociales, lo que anticipa subidas que pueden quedar fuera del “margen cómodo” para las empresas.
b) Inflación, energía y materias primas
Los suministros, la energía, los insumos importados y los servicios que contratan las empresas han subido con fuerza en los últimos años.
Esa elevación de costes se traslada a su vez al coste de producir con mano de obra, porque cada hora trabajada tiene un insumo adicional de gastos estructurales.
c) Cargas sociales, impuestos y regulaciones
España ya soporta unas cotizaciones sociales entre las más elevadas de la UE.
Las cargas administrativas, la regulación laboral rígida y las exigencias de cumplimiento normativo añaden costes no salariales al empleo.
En este escenario, un incremento de salario nominal tiene que compensar no solo la inflación sino también esos otros costes subyacentes.
Qué dicen los actores económicos: empresas, patronal y otros informes, de la alerta del Banco de España
Empresarios y patronal
En Extremadura, la patronal CIEM denunció que “mantener cada puesto de trabajo se ha encarecido en 457 euros al mes en los últimos cinco años”, lo que equivale a unos 5.500 euros anuales por empleo.
Muchos empresarios ya admiten que subir salarios supone un riesgo: los costes adicionales que deben asumir (cotizaciones, impuestos, suministros) pueden hacer que el “incremento neto” para el trabajador no justifique el esfuerzo financiero para la empresa.
Este desalineamiento entre lo que una empresa paga y lo que el trabajador recibe neto es una de las grietas más visibles del actual modelo laboral español.
Organismos públicos y previsiones externas
La AIReF, otros servicios de estudios y algunas consultoras ya habían advertido que el foco no debía estar solo en subir salarios, sino en que esa subida estuviese respaldada por mejoras de productividad y control de costes no salariales.
Instituciones europeas y organismos multilaterales insisten en que, en entornos de moderación inflacionaria, las subidas salariales deben calibrarse para no alimentar presiones inflacionistas ni deteriorar el empleo en sectores sensibles.
En algunos informes, se sugiere que el crecimiento de los salarios en España durante los últimos años ha sido parcial estímulo, pero también generado desequilibrios, precisamente cuando la inflación comienza a moderarse.
Escenarios y riesgos para 2026, el Banco de España alerta
Con la visión del Banco y el contexto actual, se abren varios escenarios preocupantes para 2026:
Si los salarios crecen al 3,4 % pero los costes laborales y la inflación subyacente no moderan lo suficiente, las empresas podrían empezar a recortar empleo o inversiones.
En sectores donde la competencia es internacional (turismo, manufactura, exportadores), la pérdida de competitividad por costes internos puede traducirse en cierre o relocalización.
El ajuste de márgenes podría obligar a renegociaciones salariales, contención de costes, optimización forzada o aumento del endeudamiento de empresas para sostener estructura.
La inflación futura podría tener un “segundo aire” si los costes no salariales siguen presionando, lo que complicaría la política monetaria del BCE.
El consumidor podría arrastrar un menor crecimiento del gasto si los salarios no mejoran suficientemente frente a precios, lo que moderaría la demanda interna, uno de los motores del crecimiento.
Claves para una estrategia que equilibre salarios, productividad y costes
¿Qué se puede hacer para mitigar esos riesgos y orientarse hacia una senda más sostenible? Algunas pistas:
Mejorar la productividad estructural
Más que subir salarios, hay que invertir en tecnologías, formación, digitalización y modernización de procesos.
Si cada trabajador produce más, un salario creciente tiene sentido.
Incentivar convenios realistas
Los acuerdos salariales deben articularse con aumentos razonables que reflejen la realidad económica de cada sector, con cláusulas de revisión y salvaguardas para empresas en dificultades.
Reducir costes no salariales
Es clave revisar cotizaciones excesivas, cargas administrativas y regulaciones obsoletas que encarecen el empleo.
Rebajar barreras y simplificar obligaciones puede liberar margen para esos salarios.
Fomentar el diálogo social
Entre sindicatos, empresarios y gobierno, para pactar soluciones coordinadas que eviten guerra salarial descontrolada o represalias empresariales.
Monitorización constante y ajustes dinámicos
Las previsiones deben ajustarse cada trimestre, con capacidad de reacción: si los costes se desbocan, introducir mecanismos temporales de moderación salarial o ayudas sectoriales.
Conclusión ¡El Banco de España alerta!: moderación en alzas frente al empuje de los costes laborales
El aviso del Banco de España sobre la moderación salarial futura y su preocupación por los costes laborales es un llamado urgente de atención.
No se trata de frenar las aspiraciones de los trabajadores, sino de evitar que los salarios prometidos se queden en ilusión, y de prevenir que los costes asalariados se conviertan en lastre para las empresas y la economía entera.
España necesita reenfocar su fórmula laboral: no basta con subir sueldos si no rematamos productividad y alivianamos cargas.
El reto es lograr que el crecimiento económico no se trunque por contradicciones internas: salarios que crecen sin respaldo productivo y costes que estrujan a quienes sostienen el empleo.
Si no se articula con inteligencia y moderación, la futura desaceleración salarial será un presagio de ajuste doloroso: recortes, desempleo, márgenes ajustados.
En ese contexto, más que subir por decreto, el camino está en crecer mejor, producir con más valor y que cada euro pagado en salario tenga su eco en productividad.
Y mientras esa ecuación no se equilibre, el miedo no será solo que los salarios desaceleren: será que la economía también lo haga.














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